Calculadora de interés compuesto
Estima cómo puede crecer una inversión inicial junto con aportaciones mensuales gracias al interés compuesto.
Datos
La cantidad con la que empiezas hoy.
Rentabilidad media anual esperada, antes de impuestos y comisiones.
Durante cuánto tiempo dejarás crecer la inversión.
Cantidad que añadirás al final de cada mes.
Resultado
- Saldo final
- 196.665,39
- Total aportado
- 82.000,00
- Intereses generados
- 114.665,39
10.000 × (1 + 0,005833)^240 + 300 × ((1 + 0,005833)^240 − 1) / 0,005833 = 196.665,39
Desglose año por año
Agregado por año. Por el redondeo, las filas pueden diferir ligeramente de los totales de arriba.
| Año | Aportado | Rendimiento | Saldo |
|---|---|---|---|
| 1 | 13.600 | 841 | 14.441 |
| 2 | 17.200 | 2002 | 19.202 |
| 3 | 20.800 | 3508 | 24.308 |
| 4 | 24.400 | 5383 | 29.783 |
| 5 | 28.000 | 7654 | 35.654 |
| 6 | 31.600 | 10.349 | 41.949 |
| 7 | 35.200 | 13.500 | 48.700 |
| 8 | 38.800 | 17.138 | 55.938 |
| 9 | 42.400 | 21.299 | 63.699 |
| 10 | 46.000 | 26.022 | 72.022 |
Cómo se calcula
El interés compuesto es el interés que se calcula sobre el capital inicial y también sobre los intereses ya acumulados. El interés simple, en cambio, solo se calcula sobre el capital, por lo que crece de forma lineal: 10.000 € al 7 % de interés simple generan exactamente 700 € cada año, ni un euro más ni uno menos. Los mismos 10.000 € con interés compuesto mensual generan una cantidad similar el primer año, pero al cabo de diez o veinte años cada incremento anual es mayor que el anterior, porque los intereses ya obtenidos empiezan a generar sus propios intereses. Esta calculadora utiliza capitalización mensual, la convención habitual en cuentas de ahorro y fondos indexados.
Un atajo mental para estimar en cuánto tiempo se duplica una inversión, sin necesidad de calculadora, es la regla del 72: se divide 72 entre la rentabilidad anual y el resultado es aproximadamente el número de años necesarios para duplicar el capital. Con una rentabilidad del 6 %, eso da 72 ÷ 6 = 12 años, muy cerca del valor exacto de unos 11,9 años que da la fórmula de capitalización compuesta. Con un 8 %, la regla predice 9 años, de nuevo casi idéntico a los 9,0 años reales. La aproximación se vuelve claramente menos precisa a rentabilidades altas: con un 20 %, la regla predice 3,6 años mientras que el tiempo real de duplicación es más cercano a 3,8 años, y esa diferencia sigue creciendo. La regla también asume, sin decirlo, una rentabilidad constante sin retiradas ni aportaciones adicionales, así que conviene tratarla como un cálculo mental aproximado, no como sustituto de hacer la cuenta real.
El tiempo pesa más que la rentabilidad, porque el interés compuesto crece de forma exponencial, no lineal, y una década de ventaja vale más de lo que la mayoría imagina. Tomemos 10.000 € invertidos una sola vez, sin aportar nada más después, a una rentabilidad constante del 7 % anual: dejados así durante 40 años, crecen hasta unos 149.700 €. Los mismos 10.000 € invertidos durante solo 30 años —porque el inversor empezó una década más tarde— alcanzan en cambio unos 76.120 €. Esperar diez años de más para empezar cuesta en este ejemplo unos 73.600 €, casi la mitad de lo que termina teniendo quien empezó antes, aunque ambos hayan invertido exactamente la misma cantidad de dinero. Pequeñas diferencias en el momento de empezar se traducen en diferencias grandes al cabo de las décadas, por eso, para la mayoría de las personas, la mejor palanca no es buscar una rentabilidad más alta, sino empezar antes.
Las aportaciones mensuales regulares cambian la forma en que crece la curva. Un plan de aportaciones periódicas a fondos indexados funciona con el mismo principio: cada mes entra dinero nuevo al valor actual, mientras que las aportaciones anteriores ya llevan tiempo capitalizando. A largo plazo, buena parte del saldo final en un plan de pensiones o fondo de inversión suele venir de las aportaciones acumuladas más su interés compuesto, no solo de la inversión inicial. La rentabilidad histórica media de los índices bursátiles amplios a veces se usa como referencia orientativa para el campo de rentabilidad, aunque los resultados pasados nunca garantizan resultados futuros.
Con qué frecuencia se capitalizan los intereses también importa, aunque normalmente menos de lo que se piensa. Tomemos 10.000 € que crecen a una tasa nominal del 6 % anual durante 20 años: con capitalización anual llegan a unos 32.071 €; con capitalización mensual, la misma tasa nominal produce unos 33.106 € —unos 1.000 € más, una diferencia de alrededor del 3 %—. Pasar de capitalización mensual a diaria añade solo unos 95 € más, muy por debajo de una décima parte de un punto porcentual. Pasar de anual a mensual tiene un efecto real pero moderado, mientras que pasar de mensual a diaria apenas cambia nada en la práctica: la rentabilidad en sí pesa mucho más que la frecuencia con la que se aplica.
Una rentabilidad anual constante es una simplificación que los mercados reales no siguen, y la propia volatilidad erosiona el resultado de una forma que una media simple puede ocultar. Imagina una cartera que gana un 50 % en un año y pierde un 50 % al siguiente: la media aritmética de esas dos rentabilidades es 0 %, lo que suena a quedarse igual, pero el resultado real es una pérdida del 25 % en conjunto —10.000 € crecen a 15.000 € y luego caen a 7.500 €—. La tasa que describe con precisión lo ocurrido es la media geométrica, de aproximadamente −13,4 % anual, no la media aritmética del 0 %. Esta diferencia entre ambos tipos de media a veces se llama lastre de la volatilidad: cuanto más oscila una rentabilidad alrededor de su media, más se resiente el interés compuesto que realmente se obtiene, aunque la media simple siga pareciendo perfectamente razonable.
Esta calculadora tiene límites reales que conviene entender. Supone la misma rentabilidad todos los años, algo que, como muestra el punto anterior, no refleja cómo se comportan las rentabilidades reales. Tampoco tiene en cuenta impuestos, comisiones de gestión ni gastos del fondo, y hasta un coste pequeño y constante se acumula: una comisión anual de un punto porcentual convierte una rentabilidad bruta del 7 % en una neta del 6 %, y a lo largo de 30 años eso por sí solo reduce 10.000 € desde unos 76.120 € hasta unos 57.435 € —una diferencia de casi 18.700 €, casi una cuarta parte del saldo final, solo por costes—. Y lo más importante: los resultados muestran crecimiento nominal, no poder adquisitivo real. Si tu inversión crece un 7 % al año y la inflación es del 3 %, tu poder de compra real crece en torno al 4 % anual. Trata siempre cada cifra como una simulación educativa de cómo funciona el interés compuesto bajo unos supuestos elegidos, no como una previsión, una recomendación ni una promesa de lo que hará una inversión real.
FórmulaA = P(1+r)^n + PMT × ((1+r)^n − 1) / r, donde r es la tasa mensual y n el número de meses; si r = 0, A = P + PMT × n.
Preguntas frecuentes
- ¿Cuál es la diferencia entre interés compuesto e interés simple?
- El interés simple solo se aplica al capital inicial, así que el importe que se suma cada año es siempre el mismo. El interés compuesto se aplica también a los intereses ya generados, por lo que el importe añadido crece con el tiempo aunque la rentabilidad se mantenga igual. En pocos años ambos se parecen; al cabo de décadas la diferencia se vuelve enorme.
- ¿Esta calculadora tiene en cuenta la inflación?
- No. El saldo final que se muestra es un valor nominal y no descuenta la pérdida de poder adquisitivo por inflación. Para una estimación aproximada del crecimiento real, puedes restar la tasa de inflación esperada a la rentabilidad anual antes de introducirla. Un saldo que crece un 7 % al año mientras los precios suben un 3 % gana en realidad poder adquisitivo a un ritmo cercano al 4 % anual.
- ¿Por qué importa tanto empezar pronto?
- Porque el interés compuesto crece de forma exponencial, el dinero invertido antes tiene más tiempo para capitalizar. Dos décadas adicionales de crecimiento pueden superar con creces el hecho de aportar más dinero empezando más tarde, ya que cada incremento se construye sobre una base cada vez mayor. Una única aportación hecha una década antes puede acabar valiendo casi el doble que la misma cantidad invertida más tarde.
- ¿Qué es la regla del 72 y cuánta precisión tiene?
- Es un atajo mental para estimar cuánto tarda una inversión en duplicarse: se divide 72 entre la rentabilidad anual. Con un 6 % o un 8 % el resultado coincide de cerca con el valor exacto que da la fórmula de esta calculadora. Se vuelve notablemente menos preciso con rentabilidades altas, y siempre asume una tasa constante sin aportaciones adicionales, así que trátala como una estimación rápida, no como sustituto del cálculo real.
- Si mi rentabilidad media es del 0 %, ¿cómo puedo perder dinero igualmente?
- Porque una media simple oculta cómo se acumula realmente la volatilidad. Una cartera que gana un 50 % un año y pierde un 50 % al siguiente tiene una media aritmética del 0 %, pero en realidad pierde un 25 % en conjunto, porque la ganancia y la pérdida se aplican sobre saldos distintos. La tasa que refleja lo que de verdad ocurrió es la media geométrica, que siempre es menor que la media aritmética cuando las rentabilidades varían. Este efecto, a veces llamado lastre de la volatilidad, es una de las razones por las que una rentabilidad estable y más baja puede superar a otra que parece mejor en promedio pero es irregular.
- ¿La capitalización mensual coincide con cómo calcula los rendimientos mi banco o mi fondo indexado?
- Muchas cuentas y fondos capitalizan de forma efectivamente mensual o incluso diaria, pero el método exacto varía según la entidad. La capitalización mensual de esta calculadora es una aproximación habitual, no un estándar universal — conviene revisar las condiciones de tu producto concreto. En la práctica, la diferencia entre capitalización mensual y diaria suele ser pequeña.
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Última actualización: 2026-08-11